
Entre la pedida y el "sí, acepto" hay cientos de decisiones y un montón de fechas límite. Un buen planeador convierte ese caos en un cronograma donde sabes qué toca hacer cada mes y cuánto te va a costar.
Empezamos por lo aburrido pero clave: definir el presupuesto, el número de invitados y la fecha. De ahí sale todo lo demás, y de ahí salen también los errores más caros si no se hace bien.
Después armamos la línea de tiempo: cuándo reservar el lugar, cuándo cerrar catering, cuándo enviar las invitaciones. Tú avanzas sin afanes y sin esa sensación de que algo se te está olvidando.
Un método ordenado para que nada se quede para última hora.
Lo ideal es entre ocho meses y un año, sobre todo si tu fecha cae en temporada alta o quieres un lugar muy solicitado. Pero también hemos sacado adelante bodas en tres o cuatro meses; solo hay que apretar el cronograma y priorizar bien.
Ordena todo el proceso: presupuesto, cronograma, selección de proveedores y coordinación. Es la persona que tiene la foto completa para que tú no tengas que cargar cada detalle en la cabeza.
Perfecto, trabajamos con los que ya elegiste y completamos lo que falte. El cronograma se adapta a lo que ya tienes avanzado.
Sí. Cuando la fecha está cerca, un planeador es justo lo que evita que se te escapen cosas. Apretamos la línea de tiempo y vamos por lo urgente primero.

Te armamos el cronograma y el presupuesto de tu matrimonio en una primera reunión sin costo.